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PUÑOS QUE DICEN AMARTE. Edith Checa

20 Junio 2008

Tras la fatalidad de tus ojos,

que son de mármol blanco,

porque olvidan,

hay un liviano vahído de versos,

que mecen tus cabellos de ideas

fragmentadas a golpes.

 

 

El silencio se bambolea

entre los brazos perdidos de la Venus

que bañó su ilusión

en un mar que no era suyo.

 

 

Has caminado errante,

y tenías los ojos demasiado azules de libertad,

y la boca jugosa, fruta entregada.

Es una forma ingenua

de dejar que te atropellen el alma.

 

 

Se ha estremecido el aire oro de una tarde

que ya es piedra.

 

 

¿Quién quiere ver tu boca

cosida por puños que dicen amarte?

Hay un agua hirviente que pasa de vaso a vaso

hasta convertirse en sangre.

Es una consagración endemoniada

de la que sólo tú puedes huir.

 

Y los demás, giramos los ojos mirando eternidades

como si los obreros del alma se hubieran puesto en huelga.

 

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